Ilusiones rotas
Comentario en primera persona de un periodista, publicado en su blog. Seguro que muchos de ustedes han tenido la oportunidad de alojarse en una Casa Rural. Quien tiene un mínimo de sensibilidad saborea los días (a veces horas) de disfrute de un microuniverso de sensaciones al alcance la mano y no muy lejos de nuestros entornos más urbanizados.
Hace varios días los azares del trabajo me llevaron a una Casa Rural. Mis únicas referencias eran las fotografías colgadas en la web de agroturismo que me anunció la existencia de un bello caserío de varios cientos de años. Llegué de noche, vislumbrando apenas la fachada del imponente y vetusto inmueble.
La estupenda conversación del etxeko-jaun y la tierna acogida de la etxeko-andre fueron el mejor bálsamo para un día que culminaba a ritmo de cansancio. Las piedras desnudas y las vigas de madera me transportaron a otro mundo. No sólo en el cálido salón-comedor, sino también en el dormitorio que me asignaron.
Tras siete horas de sueño reparador en el mejor de los ambientes, bajé al día siguiente a desayunar, minutos antes de proseguir mi ruta. A través de la cristalera divisé un bello prado en cuyo centro había una plantación de uva destinada a la producción de txakoli. Recreé mi vista al tiempo que saboreé un desayuno sin prisas.
Fue al levantarme de la mesa para conteplar el xirimiri caer; al asomarme a través del largo cristal de la galería… fue entonces cuando contemplé la hecatombe. La etxeko-andre debió percatarse de mi desilusión, ya que vino rauda y me lo contó todo.
Las instituciones acabaron con sus ilusiones, pues las autoridades decidieron que el Tren de Alta Velocidad habría de pasar por la ladera de la montaña que hasta hace poco embellecía su Casa Rural. La engañaron, además, diciéndole que la “Y” Vasca traería prosperidad a los habitantes de su comarca. ¿Ve a esos hombres? me pregunta. Murcianos, sevillanos, qué sé yo. Viven alquilados en la capital más próxima.
Etxeko-andre y etxeko-jaun protestaron, indignados, aludiendo a la normativa municipal que impide construir sin orden ni concierto allá donde se le ocurra al primero que por allí aparece. Mi marido y yo lo intentamos cuando quisimos ampliar el terreno del agroturismo, pero nos lo impidieron. ¿Por qué no hicieron lo mismo con estos del Tren de Alta Velocidad?
Ironías de la vida. El etxeko-jaun trabaja para RENFE y tiene que soportar que las siempre exigentes demandas del ferrocarril arruinen sus ilusiones. Porque él no se nunca se opuso al progreso. Lo único que pidió fue que llevaran el trazado de la “Y” Vasca al otro lado de la montaña. Eso nos costaría demasiado dinero fue la respuesta que recibió. Para lo que quieren ya sacan dinero, me espeta la etxeko-andre mientras me da la mano y me pide que vuelva cuando quiera.
This entry was posted on Monday, February 22nd, 2010 at 12:16 am and is filed under Albiste orokorrak, Iritzia. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.


on February 22, 2010 at 12:53 am Raúl Arkaia wrote:
Eskerrik asko, lagunok! Besarkada bat.